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La casa desnuda

Un espacio único domina el enfoque de esta vivienda. Su unidad espacial en el plano horizontal permite dotar al lugar de una sensación de amplitud y de desahogo poco habitual en una vivienda de esta época. Se ha pretendido integrar en este espacio todo el programa funcional de la vivienda, adoptando una disposición integradora de los distintos usos. Como premisa en este proyecto, se ha considerado que el uso no debe condicionar la forma para no distorsionar la percepción espacial del conjunto; de esta manera, se generan lugares polivalentes que se adaptan a cada situación y a la necesidad de uso del momento. En esta planta abierta se desarrollan todos los usos propios de una vivienda habitual, aunque interpretados desde posiciones contemporáneas donde prevalece la experiencia sensorial en la resolución de un programa funcional, frente a la fragmentación del espacio mediante particiones rígidas.

Pero quizás la cualidad más importante es la fluidez en altura. Esta cualidad deviene de la naturaleza del espacio bajocubierta, donde el plano horizontal superior de un espacio convencional se transforma en un plano inclinado que regala diferentes lecturas desde los distintos puntos de vista. Sumado a esta característica, un interesante juego de volúmenes en altura, sugerido por la propia disposición del edificio original, genera una adición sorprendente de dependencias que consigue un efecto multiplicador del lugar, provocando una riqueza espacial propia de arquitecturas más complejas. La luz hará el resto al incidir de manera insospechada por los distintos huecos dispuestos al efecto.

El resultado: un proyecto abierto y flexible que permite adaptarse a sus ocupantes en función de sus necesidades.

Ático en el centro de Zaragoza